Ya lo decía el tío de Peter Parker. Cuando un cliente nos confía la tarea de gestionar su comunicación digital está otorgándonos un poder que, en muchas ocasiones, no conoce ni controla. La comunicación también puede ser como Hulk si uno no sabe cuándo y cómo ponerse verde.

Comunicar no es emitir mensajes promocionales según las necesidades del momento. Se trata de transmitir, de trasladar todo aquello que se quiere representar y que la marca significa. Significa empapar cada acción, cada gesto digital y no digital en una sensación; plasmar cierta complicidad, formar parte de lo cotidiano, ser uno más en el día a día sin que se note la línea que separa la conversación de la promoción.
Comunicar es ser tan natural siguiendo una estrategia que parezca que improvisamos. Como cuando un amigo habla. Pero, además, también es ser útil y saber ofrecer lo correcto, en el mejor momento. Es no ser oportunista, sino constante, sincero, abierto.
Cuando un cliente nos confía esta tarea nos ponemos la camiseta de su empresa. Dejamos de ser agencia para ser la marca, para sentir como ella, movernos como ella, hablar como ella, responder como ella y hacer clic en ‘me gusta’ como ella lo haría. Está dándonos un poder que conlleva la gran responsabilidad de pertenecer y representar a la empresa.
Por todo eso, comunicar no es postear en Facebook una foto del momento con un emoji de un guiño. No, eso no, que también, o quizás, pero no es eso sin más. Es formar parte de una personalidad, de una estrategia, saber que existen unos valores que es la bandera de cada una de nuestras palabras. Es oler a la marca, conocer su sabor y transmitir su compromiso.
Un gran poder, la comunicación, conlleva una gran responsabilidad: ser la marca.
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